Hacía tiempo que se venía atisbando , pero en los últimos meses la cosa se ha precipitado con toda su fuerza. En realidad nunca nadie ha leído periódicos con el afán de informarse, sino de confirmar lo que a uno le gusta que le digan. Es una manera de autoafirmarse. Es algo necesario, por lo demás. Nada extraordinario. El problema siempre ha sido no reconocerlo así: hasta hoy el diario El País, conservadoramente se declara como un diario independiente. Es un dato. Una falacia consentida, moderna.
La lógica de mercado se ha incrustado descaradamente en todas las manifestaciones de la vida (matrimonio, amistad, mezcla de lo profesional con lo personal, o mejor dicho, no mezcla de lo profesional con lo personal, etc). En el caso de la información, primero de una manera desordenada, como ocurre ahora. Después, es previsible, vendrán las regulaciones legales. El periodismo es principalmente un vehículo de vender publicidad, y después de aglutinar poder. No nos engañemos. Es difícil hablar mal de alguien cuando pone la máquina de imprimir en marcha. Ese poder se genera en el magma empresarial y después se traslada, como una tentación hasta los medios. Ocurre en Italia (Berlusconi) y ocurre en EEUU.
quarta-feira, 3 de janeiro de 2007
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