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quarta-feira, 3 de janeiro de 2007

Periodismo del siglo XXI (II)

El New York Times, apoya abiertamente a uno de los candidatos a la presidencia. Es muy peligroso. Luego hay que vender ejemplares. Estás liquidando la mitad del mercado. La izquierda, normalmente con el manto de la legitimidad universal piensa que tiene razón, pero es solo la que les sirve a la mitad. La cuestión no es la razón y sí la utilidad.
En España ocurre lo mismo. El periodismo está atravesando la línea de la mera dación informativa, que sirva de paso, no le interesa a nadie, para gestionar los destinos de los ciudadanos haciendo de puente entre los centros de generación de recursos y los de la gestión política. Y esto cada día es más fuerte. Antes era puro erotismo, era un pseudo rumor, un rumor de pueblo. Hoy ya todo da igual. Es la lógica del mercado, la compraventa, el trueque y el cúmulo, en definitiva, la misma lógica de una vida a un buen montón de kilómetros por hora, la del siglo XXI, a través de sus múltiples manifestaciones, en definitiva lo de siempre, la búsqueda de poder.

Periodismo del siglo XXI

Hacía tiempo que se venía atisbando , pero en los últimos meses la cosa se ha precipitado con toda su fuerza. En realidad nunca nadie ha leído periódicos con el afán de informarse, sino de confirmar lo que a uno le gusta que le digan. Es una manera de autoafirmarse. Es algo necesario, por lo demás. Nada extraordinario. El problema siempre ha sido no reconocerlo así: hasta hoy el diario El País, conservadoramente se declara como un diario independiente. Es un dato. Una falacia consentida, moderna.
La lógica de mercado se ha incrustado descaradamente en todas las manifestaciones de la vida (matrimonio, amistad, mezcla de lo profesional con lo personal, o mejor dicho, no mezcla de lo profesional con lo personal, etc). En el caso de la información, primero de una manera desordenada, como ocurre ahora. Después, es previsible, vendrán las regulaciones legales. El periodismo es principalmente un vehículo de vender publicidad, y después de aglutinar poder. No nos engañemos. Es difícil hablar mal de alguien cuando pone la máquina de imprimir en marcha. Ese poder se genera en el magma empresarial y después se traslada, como una tentación hasta los medios. Ocurre en Italia (Berlusconi) y ocurre en EEUU.

Y otras tres cuestiones y media generales por responder

3.1. En este sentido, por qué la Primera Guerra de Irak en el 92, con 400.000 muertos fue buena por legal ya que la ONU le puso un papel y , la Segunda, sin papeles, con 40.000, cruel, degeneradora e imperialista.
4. Por qué la desconfianza del pueblo brasileño para con los políticos brasileños y la de los políticos brasileños con el pueblo brasileño es por culpa de Cabral que debió nacer holandés pero salió de Tras os Montes, hace de esto ya 500 años.
5. Por qué la derecha es autoritaria y la izquierda tiene razón cuando el que tiene la razón, según me dijeron los de izquierda son los autoritarios.
6. Por qué andar en metro es un signo de desarrollo y civilización cuando los hombres y mujeres que viajan en su interior no tienen expresión, y se muestran lejos de lo que uno puede entender por un hombre motivado o de bien con la vida, al contrario del que se compra un coche.

Tres cuestiones generales para responder

Los hombres somos como vacas porque a la mayoría, quitando a los filósofos, que son eremitas del pensamiento, y a los intelectuales, que van por la vida de burguesillos maleducados, nos falta brillo mental, o huevos que también es un buen influjo. Que me expliquen:
1. Por qué siempre vemos por la calle a jóvenes con camisetas del Che, terrorista, con eso de "la ternura" y otras gilipolleces, y a nadie diciendo que se ventilaba a la gente que no pensaba como él.
2. Por qué siempre escuchamos que los americanos son gilipollas y que Bush es tonto perdido y no, que a lo mejor pudiera tener razón en algo, o que al fin y al cabo los americanos intentan hacer lo mejor (para ellos), como el resto (para sí, en la medida de lo posible) ...
3. Por qué todo el mundo se manifiesta en contra de la guerra con cara de mala leche y te explican su malhumor diciendo que es mejor hacer el amor.

Las películas de la calle (III)

“Las películas de la calle” como un renglón torcido de Dios :1. a veces salen con imágenes de chicle.2. son envueltas en plásticos que se pegan en los dedos.3. para conseguirlas, uno tiene que codearse con la mara en aceras estrechas y exponerse a que le birlen la cartera.4. y también a que pase alguien conocido en coche por delante.5. te obliga, por si fuera poco, a sentir distintos tufos.No todo es color de rosa.Pero también tiene ventajas: te dan otra si no te gusta. Cosa que no pasa en las otras. “Las películas de la calle” son el primer paso para instaurar “un mundo de propietarios”. Una alternativa al del bienestar, que permite las fotocopias en la Universidad, los amaños en las apuestas deportivas desde Costa Rica, o las zapatillas de marca que vienen de Honk Kong, que son una fotocopia tridimensional a lo bestia.

Las películas de la calle (II)

Una vez me fui a la Universidad a por el Diccionario Político de Norberto Bobbio. Porque no lo encontraba en ninguna parte. Y allí estaba. Enfrente había una fotocopiadora gratuita donde los alumnos fulminaban todo tipo de libros. A mí me dio pena Norberto Bobbio porque pensé que no vendía muchos diccionarios, y que con el suyo podía ganar mucho prestigio en el ámbito intelectual pero muy poco dinero. Aunque se me pasó enseguida porque pensé que con la satisfacción de haberlo escrito ya le bastaría. Cosa que no me ocurre por ejemplo delante de los DVD´s de los camelós de la Teodoro Sampaio o de la 25 de Marzo. No puedo. No debe de ser la misma cosa. Porque me conozco, yo soy una persona de bien y justa.

Las películas de la calle (I)

Me cuentan mis allegados que les da grima comprar DVD´s de “camelós”. A mí me parece que una cosa es piratear, piratear, y otra, las películas, perfumes, pilas, juguetes de la China o los relojes de la calle que puedan vender estas personas. Mis allegados deben de sentir algo parecido a cuando uno compra en rebajas o pide pizza de barrio…“Las películas de la calle” es un ejemplo, como otros, de la vida silvestre de la ciudad. Igual que coger una piña de la mata en el campo, pero en São Paulo. Como el nacimiento de un crack de fútbol en una era. Parecido a cuando un niño espera a que le den una papaya al final de una feria, después de levantar las barracas, y el suelo huele a pez, agua y puré de fruta. Forma parte de la “conveniencia” de vivir aquí, donde a las cosas no se les da tanta importancia como en Europa y todo lo básico está más al alcance de la mano, como en el origen.Piratear, piratear, debe de ser otra cosa.

¿Es Brasil nacionalista? (VI) No, no-sí

Y aquí aparece la figura del patrón. El patrón puede ser dueño de una fábrica, de la señora de la limpieza o de un equipo de fútbol. En política hay más patrones cuanto más avanzas hacia el norte. Y el sentimiento de patrimonio engloba a cosas y personas de la manera que da el siglo XXI.

¿Es Brasil nacionalista? (V) Sí, sí-no

Existe una desconfianza histórica en el prójimo, brasileño. El gobierno es proteccionista y la balanza comercial está desequilibrada. A favor. Los políticos lo venden como un éxito pero según los economistas esto significa que las cosas no funcionan bien. Un país sano en este sentido es aquel que consigue un equilibrio entre entradas y salidas. Existe un sentimiento patrimonialista del país. El que protege no admite la entrada de ajenos que puedan romper el estatus que no es tan desfavorable para determinada clase social. Todo aquel no desfavorecido tiene miedo de perder algo que comparativamente es mucho más difícil de conseguir en cualquier otro lugar del llamado “primer mundo”.

¿Es Brasil nacionalista? (IV) No-sí

Existe un complejo histórico que nace en los colonizadores “de segunda” según el cual arrastrará el destino del país a lo largo de su historia. Es normal que historiadores en la televisión o en cualquier otro medio aludan a procedimientos judiciales de 300 años para justificar el atraso de la justicia en nuestros días. Parece que exista una limitación genética para el progreso, para que todo funcione. Pero también es cierto que la tecnología bancaria, el proceso de extracción de petróleo del mar o las investigaciones en biodiésel se encuentran entre las punteras del mundo. Lo cual no es del todo cierto. Sin embargo insisten en ello. Al mismo tiempo probablemente estos historiadores disponen de unos bienes materiales iguales o superiores a cualquier otro individuo de los llamados países del primer mundo. Tampoco da para explicar.Este complejo histórico hace que se prefiera todo lo que venga de fuera a lo producido aquí. También hacer turismo en el exterior a descubrir el país. Siempre será más revelador visitar el Yosemite que el Parque de la Capibara en Piaui, aunque la frecuencia de americanos que visitan este último sea altísimo. Incluso las consultas médicas, de aquellos que viajaron y asistieron a cursos de especialización en EEUU o Europa se cobran teniendo en cuenta el dólar.

¿Es Brasil nacionalista? (III) Sí-no

El nacionalismo de clase media es de pacotilla. Es un nacionalismo que no se sabe ni por qué. Cuando a un tipo de la clase media, aquí, le preguntas si le gusta Brasil te responderá que este es un país mediocre por culpa de los políticos y de los portugueses. Cuando al mismo tipo, le amagas el nombre “Brasil” allí (en cualquier lugar del extranjero) probablemente se echará a llorar y te dirá que es un paraíso terrenal. No tiene explicación. Algunos lo achacan a lo de la “saudade”, pero este sentimiento es universal y no tiene fundamento.El nacionalismo de clase media no admite críticas, que sí admite el del fútbol. Esta falta de autocrítica que define a los países más desarrollados, normalmente anglosajones, disminuye en aquellos más desiguales. Es muy evidente en la clase media, que carga a sus lomos al país e inexistente entre los más desfavorecidos y los más opulentos. Es un hecho.

¿Es Brasil nacionalista? (II) No

El brasileño tiene miedo de errar y de perder. En el fondo trata de alejar fantasmas. El peor de todos es el de la inferioridad. Cuando Brasil pierde, ciento ochenta millones de brasileños se quedan con el culo al aire. Para los más desfavorecidos puede ser inevitable. Para la clase media es más vergonzoso. Los especialistas en la materia, comentaristas deportivos, se quedan irritadísimos. No es fácil perder. Perder es errar. El error, la broma mal entendida, el chiste a destiempo, si público es una vergüenza que se convierte en provocación y muchas veces provoca reacciones nacionalistas. La derrota a veces tiene explicación, otras no. En Brasil, a la derrota en el fútbol siempre se le quiere encontrar una clave. Casi siempre se la encuentra. Como casi siempre, después. Este espíritu autocrítico, que a diferencia de otras facetas de la vida es muy fértil, hasta demasiado, es dilatadísimo. Dura años, quizá décadas. Es para siempre. Esta extraña relación con el pasado por tanto, se manifiesta también en el fútbol.

¿Es Brasil nacionalista? (I) Sí

En Brasil existen dos nacionalismos: el que se gesta sobre las botellas gaseificadas de cerveza cada cuatro años con lo de las copas del mundo de fútbol y el de la clase media. El primero es general. Sin distinción de clases, colores, poder adquisitivo, religiones incluso sexo. Es imposible no ver un partido de Brasil. El país entra en colapso. No hay nada que hacer fuera. Los bancos adelantan el expediente y los traficantes dan una tregua. Los autobuses se vacían, al igual que los supermercados (de cervezas). Cada cual lo interpreta a su manera pero Brasil se encoge y hace piña. Meterse con un brasileño a estas alturas da miedo. Se desata una euforia desmedida, como en ningún otro país del mundo. Esto no es vano. Tiene por objeto alejar el fantasma de la derrota. Que planea en el foro íntimo de cada brasileño, y que supone una vergüenza.